miércoles, 17 de marzo de 2010

HISTORIA DE LA ALIMENTACIÓN A TRAVÉS DE LA LITERATURA (II)




En la primera tarde claramente primaveral de este año, asistimos a la segunda e interesante charla por parte de Almudena Villegas sobre la historia de la alimentación a través de la literatura y de su revés, la historia de la literatura a través de la alimentación. Las dos perspectivas, los dos acercamientos, como hemos visto a lo largo del curso, se funden en un sabroso plato para la cultura gastronómica y literaria.

Comenzó la ponencia con los aspectos socioeconómicos que, en el siglo XV, marcaron la vida en los nuevos núcleos urbanos. El auge de una nueva burguesía con más recursos, que decora sus ciudades con espléndidas catedrales góticas, también adorna su paladar con nuevos sabores: por ejemplo, surge como moda la mezcla de lo dulce y lo salado, creando así el sabor agridulce. Las mejoras en la agricultura y en el comercio repercuten directamente, como es lógico, en la alimentación, con la posibilidad de consumir nuevos alimentos: embutidos, legumbres, verduras, asados (un plato más aristocrático y masculino) y frutas, alimento de gran prestigio entonces, por la dificultad de conseguirlo de calidad, teniendo en cuenta los ciclos de la naturaleza en cada una de sus variedades. Simpático e inteligente el recuerdo de la batalla gastronómica entre D. Carnal y Dª Cuaresma en el Libro del buen amor, donde Juan Ruíz presenta un desfile riquísimo de seres de monte y mar que se enzarzan en una lucha graciosa y sabrosísima. Nos habló también Almudena Villegas del Libro de guisados de Ruperto de Nola, otro de las obras fundamentales en el siglo XV, por haberse convertido en un punto de referencia, tanto gastronómico como filosófico, en todo el mediterráneo al servir de inspiración a otros autores de libros gastronómicos junto al Libro de Sent Sovi. Interesante también el paréntesis en el que nos explicó la dureza del oficio de cocinero hasta el siglo XIX, del carácter oscuro de quienes lo practicaban y del alcoholismo que padecían la mayoría de ellos por aguantar las duras jornadas de trabajo.

El siglo XVI comienza con lo que la autora llama Segunda Revolución gastronómica o Revolución americana. La primera se da en el Neolítico con el fuego y los nuevos utensilios que sirven para preparar distintas formas de alimentarse. En la Segunda Revolución, tras la conquista americana, Colón, desde sus primeros viajes, comienza a traer a la península nuevos alimentos: tomates, papas, batatas, pavo, aguacates, cebolla, maíz, habichuelas, mango, pimientos, cacao… y tabaco para después de tanto gozo, que representan un cambio radical en la forma de preparar los platos, ¿os imagináis nuestros recetarios actuales sin el corazón frío del tomate, sin los surcos de agua de la cebolla, sin la oscura dulzura del chocolate para los postres? Una mención especial le dedicó al tomate y a la patata por algunos aspectos muy curiosos. El primero, por su similitud con otras verduras venenosas de la época, era sospechoso y no empezó a ser consumido hasta bien entrado el siglo XVII en algunos conventos. La patata (el alimento capaz de solucionar el hambre en Europa en los últimos siglos), al principio se utilizaba como un elemento decorativo en los jardines botánicos. Manual de mujeres y La lozana andaluza son los libros destacados en el periodo renacentista según la autora.

Nos anocheció entre fogones, preparando un queso aromatizado con distintas especias, que probaremos el próximo jueves, y elaborando un plato sencillo y sabroso de pollo picantón. Y la aventura continúa…

1 comentarios:

Miguel Calvillo dijo...

Tienes el premio a la cantidad y a la calidad de este blog: nadie ha contribuido como tú. Muchas gracias.

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