jueves, 11 de marzo de 2010
Alimentarse y hacer historia
¿Qué hacer, por tanto, para no caer en la incoherencia de servir, por ejemplo, conejo y gambas en una cena sefardí? Buscar, contestó la investigadora, en las fuentes directas e indirectas. Y llegamos a aquello que da sentido a nuestro curso: la Literatura como fuente indirecta de la investigación culinaria. No podíamos sospechar que aquellos textos que hemos leído tantas veces pudieran explicarse también en la búsqueda de las costumbres, hábitos e incluso prejuicios éticos o religiosos a la hora de elegir un alimento. Almudena fue buceando en obras clásicas considerándolas como reflejo del tiempo al que pertenecen y nos enseñó a leer con ojos de gastrónomos verso y prosa. Descubrimos con ella el alma culinaria masculina, propensa al asado, como otra de las virtudes del Cid; nos señaló diferencias entre la juglaría y la clerecía que nunca se nos hubieran ocurrido y encumbró a Cervantes por su generosidad en la trasmisión de la cotidianidad en su Quijote.
En fin, esperando la segunda parte de su interesante ponencia el lunes que viene, nos quedamos con la idea de que tanto el arte culinario como el literario provienen de la misma semilla: la transmisión oral que va dejando a cada generación que llega toda la sabiduría de cada pueblo.
Después de haber alimentado nuestra mente, llegó el momento del delantal. Como cada tarde, los profesores nos reunieron para explicarnos las recetas a elaborar: Alboronía y Manjar blanco. La primera entresacada de la cocina más popular en La lozana andaluza, la segunda nombrada por Don Quijote a su inseparable Sancho.
A partir de ahí, cada uno comenzó su tarea: unos con los cuchillos, otros con los fogones. La sala, convertida en un ir y venir de manos y gorros, se llenó de colores dispuestos sobre las tablas: el naranja del membrillo, el verde del calabacín, el rojo intenso del tomate, el púrpura de la berenjena... Las cucharas recorrían ese arco iris hasta que los olores subieron a los techos y se columpiaron en cada plato terminado. No había tiempo para descansar. La Alboronía reposó y comenzó otro baile de aromas y matices. Esta vez fueron el blanco y el beige los que triunfaron. Almendras, tiras de ave, jengibre, harina... bailando en los cazos mientras el Manjar blanco surgía triunfante entre las varillas.
miércoles, 10 de marzo de 2010
SONETOS GASTRONÓMICOS II

ODA SONETÍSTICA AL RABO DE TORO
Látigo espanta moscas rebozado,
pasado vuelta y vuelta en oro ardiente,
se retira, y en el mismo oro un diente
de ajo, laurel, tomate troceado,
zanahoria y pimiento bien picado;
y que se vaya haciendo lentamente.
Cuando esté la cebolla transparente,
salpimentar; no es nada complicado.
Después se vierte en una cacerola,
anegándose todo con Montilla.
Dejar hervir a fuego tibio y lento.
Con un buen vino, nunca coca-cola,
en buena compañía, y en la sencilla
tarde, todo será como en un cuento.
martes, 9 de marzo de 2010
lunes, 8 de marzo de 2010
Sesión sobre la cocina en la Literatura infantil y juvenil
“Sabores de una cocina muy poco dietética”
Tras una breve, muy breve presentación de Miguel, toma la palabra una simpatiquísima Teresa Durán y nos ofrece el mejor comienzo: un cuento sobre la manzana que centra la atención de muchos cuentos de la tradición oral pero siempre, desde Adán y Eva, como algo perverso (Blancanieves y los siete enanitos).
¿Qué ingredientes abundan más en los cuentos tradicionales?
-Harina: blanquea las pata del lobo en “Los siete cabritillos”.
-Nabos
-Coles, donde guarecerse hasta nacer (“Pulgarcito”).
-Habas/habichuelas/judías
-Lentejas (“Cenicienta”)
-Calabaza, de donde nacerá el primer violín (cuento tradicional)
-Peras.
-Naranjas.
-Melocotones.
-Frutos secos: almendras, nueces, avellanas.
-Miel (“Caperucita”).
-Queso: fábulas de zorros y cuervos.
-Muy poco pescado: porque hay pocas recopilaciones de cuentos populares de pueblos costeros.
-Carne: morcillas y caza (corzos, aves)
-Huevos ( “La gallina de los huevos de oro”)
-Sal
Estos alimentos son tan sencillos y cotidianos que nos permiten rastrear su origen popular, ayudan a conocer la dieta del pueblo y sirven para conocer la fecha de estos cuentos: son anteriores al descubrimiento de América, pues no se mencionan ni tomates ni patatas.
Los protagonistas de los “Cuentos Maravillosos” nos ofrecen ciertas costumbres gastronómicas: la antropofagia de los ogros, la comida repugnante de las brujas.
(En un momento, un alumno de pastelería entra en la sala y nos trae una bandeja de profiteroles de nata que acaban de preparar en la cocina adyacente. La bandeja circula por la sala para regocijo de los asistentes, aunque Teresa aún no puede probarlos para seguir hablando).
Aparecen otros personajes fabulosos y devoradores como los dragones o los monstruos marinos como la ballena (Jonás, Gepetto, Moby Dick).
También lobos que se deleitan con ovejas o zorros con gallinas. Pero las fábulas nos muestran también cómo los débiles se las ingenian para librarse de ser devorados.
Hay que atender a las lecciones que nos ofrecen los “Cuentos maravillosos”:
Desconfiar de las mesas lujosas aparecidas en medio del bosque.
Desconfíar de mesoneros y mesoneras, son poco de fiar.
COCINA DE AUTOR
PRIMEROS PLATOS
En 1816 podemos situar los orígenes de esta cocina en la Literatura infantil y juvenil: “El cascanueces y el rey de los ratones”. El primer plato que aparece es la sopa.
También es la sopa de pan el primer plato en “Oliver Twist” o la sopa de guisantes que acabará con la reina de las brujas de Roald Dahl.
SEGUNDOS PLATOS
Acostumbran a ser de carne. El pescado aparece poco, en “Robinson Crusoe”.
Hay que citar pavos, pollos y ocas de Navidad, magistralmente retratados por Dickens (“Cuentos de Navidad”, 1843). En el mismo año, Andersen proporciona a su “Pequeña cerillera” una visión idílica de una cena navideña. También nuestro Carpanta soñaba con pollos.
Mark Twain ofrece conejo o liebre a su Huckleberry Finn.
POSTRES
Cascanueces acaba en “Dulcilandia” . Roald Dahl junto con Tim Burton llegan al delirio en “Charlie y la fábrica de chocolate” o la enorme tarta de chocolate que la malvada señorita Transbull obliga a comer al compañero de “Matilda”.
También aparece el té en la merienda con Lewis Carroll, “Alicia” o en las aventuras de “Guillermo el travieso” o “Mary Poppins”.
CENAS
Aparecen en los cuentos comidas “raras” para la España de “Marcelino pan y vino”: Heidi cenaba raclette, también aparecen los spaguetti italianos o los arroces tres delicias chinos o las hamburguesas.
Tal como comenzó, ha terminado... con un cuento
Comienza un turno de preguntas en las que se plantea que los países invadidos pierden o truncan su tradición oral algo que ocurre también en la emigración y que probablemente explique la fuerza de la tradición británica.
Pasamos a la cocina donde elaboraremos dos de las recetas que Teresa Durán traduce en su libro sobre las fantásticas recetas de Roald Dahl: caramelos peludos y costillitas de Hansel y Gretel.
Regino nos explica el proceso anterior que han seguido con el costillar, cuya elaboración excede el tiempo de las sesiones. Alfonso continúa con la explicación de los caramelos peludos, hechos con cabellos de ángel. Teresa apostilla sobre las recetas, ya que las hicieron y anotaron conforme traducían el libro.
Los grupos se entregan a la tarea del horno con las costillas y simultáneamente, la sotén con el caramelo, que resulta indomable en ocasiones como algunas melenas. Pero al final, todo sale, los caramelos y las deliciosas costillas que se envasan o prueban poco antes de despedirnos en uno de los días de lluvia más felices.
